De vez en cuando, la vida es un cuento que merece un final feliz. Anselma es una maestra jubilada, viuda, sola, relegada desde hace años a una existencia gris. En una sofocante noche de verano encuentra al lado de un contenedor de basura un magnífico papagayo y, sin pensárselo, decide llevárselo a casa. Desde ese momento todo cambia: la coraza tras la que se protegía va cediendo y, mientras se ocupa de esete huésped inesperado, afloran en ella recuerdos que creía perdidos: el cariño por su mejor amiga de la adolescencia, las ilusiones y el desengaño del matrimonio, el entusiasmo de su carrera como maestra... Gracias a Luisito, Anselma recupera las ganas de vivir. Sin embargo, tendrá que defenderse de las humillaciones de quienes no soportan su felicidad.Autora: Susanna Tamaro
Editorial: Seix Barral
"Sobre la mesilla de noche de Giancarlo quedaba sólo el despertador, parado desde el día de su muerte. Se lo había regalado su madre cuando obtuvo el diploma de contable. Durante treinta años, cada noche, antes de apagar la luz, le había dado cuerda con idéntico gesto. Su molesto repiqueteo atravesó durante treinta años el silencio de sus noches.
Hubiera podido tirarlo, pero en el fondo le gustaba más verlo ahí, mudo al fin.
A lo largo de los treinta años de matrimonio, su madre también le había regalado todos los pijamas. Una vez, en uno de sus raros y veloces momentos de intimidad quiso decirle: Tengo la sensación de que siempre somos tres, pero no tuvo el valor de hacerlo.
Se lo había confiado a una amiga suya de aquella época.
¿Te das cuenta sólo ahora?, le respondió y, riendo, añadió: Para ser dos en el matrimonio, habría que casarse con un huérfano."
"A Anselma sus nietos le parecían seres de otro planeta, distraídos, ingratos, glotones e incapaces de sentir la más mínima pasión por otra cosa que no fuera esas cajitas luminosas que tenían siempre en la mano.
Al principio se sintió culpable por ese sentimiento anómalo. Cuando habló de ello con el yerno, la nuera y los hijos, le respondieron levantando ligeramente los hombros:
¿Qué quieres hacerle? Ahora los chicos son todos así."
* De esta autora leí hace años "Donde el corazón te lleve". Luego lo presté y anduvo desaparecido unos años -sí, leéis bien, unos años-; curiosamente regresó a mis manos no hace mucho y desde entonces me había planteado releerlo sin llegar a hacerlo hasta que ¡Zas! la autora volvió a mí con un título diferente y de manos de mi amiga M.J. ^^
Ciertamente, me quedo con la idea de que hasta tras la persona más anodina puede haber una historia. Una vez más, las apariencias engañan. Todos tenemos una historia. Me ha gustado el libro pero el final me ha parecido acelerado y abrupto, como si de repente la autora hubiera tenido prisa por terminar. A pesar de ello, ha valido la pena leerlo.

4 mensajes en la botella:
Parece mentira que siempre hagan falta historias de amor...
Abrazos Lludria
Me encantan los cuentos. Cuando los leo o los escucho, me siento transportado a aquella época en la que creíamos en hadas, valientes paladines, Reyes Magos,...
Besos
Es muy frecuente que un animal, un accidente paisajístico, una mirada, trastoque nuestra alma. Así somos de volubles.
Cierto, tras la persona más sosa puede encontrarse una bellísima historia. Otras veces no habrá más que un páramo seco.
Como ejemplo de esa magia de las personas sencillas te recomiendo una peli reciente. A Thousand Years of Good Prayers - Mil años de oración de Wayne Wang.
Hay libros que nos buscan.
Un abrazo.
Creo que son imprescindibles, Veronika ^^ Un abrazo grandote
Esa parte es la que quiero cuidar. Esa parte ingénua que cree en casi todo.Por eso me gusta seguir leyendo cuentos. Un besazo, Tan!
Tomo nota del título, Goathe. Y cierto, tienes razón. No sólo hay montónes de historias, unas más bellas que otras, también hay páramos... Espero que mi alma se siga trastocando con cada cosa que la roce, eso es estar viva, no? Un abrazo... y a disfrutar del finde! ;)
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